lunes, 30 de julio de 2012

Los nuevos emigrantes


Tengo un vecino en el lugar donde veraneo que fue uno de los primeros emigrantes a Alemania: un andaluz de un pueblo de Cádiz que había sido pastor de cabras y luego albañil antes de viajar a aquel país sin haber acabado la escuela primaria pero con la valentía que sólo da el hambre.
Llegó a Frankfurt, según me cuenta, y en un bar, con la sola ayuda de un pequeño diccionario, logró hacerse entender de un empresario que buscaba a alguien capaz de poner azulejos. Fue contratado al día siguiente y trabajó algún tiempo a destajo hasta que encontró otro lugar donde le pagaban más.
Casado con una compatriota, tuvo allí varios hijos, a quienes consiguió dar carrera y que hoy trabajan en distintas profesiones en Alemania. Como tantos compatriotas emigrados durante el franquismo a otros países europeos, mi vecino regresó hace algunos años a España tras jubilarse y hoy recibe una pensión que le da suficiente para vivir.
Pienso en él y en tantos como él que salieron del país del NoDo en tiempos de vacas flacas y cuyos sacrificios y oportunas remesas sirvieron para ayudarnos a aliviar el desempleo de entonces y superar los difíciles años de la posguerra, un poco lo que ocurre hoy con tantos rumanos, marroquíes o latinoamericanos que llegaron aquí en los tiempos de aquel artificial boom inmobiliario.
Gracias a nuestros propios esfuerzos y a la ayuda de una Europa a la que tanto debemos, nuestro país cambió totalmente de faz en unos años, en muchas cosas para mejor, en otras, como la destrucción inconsiderada del paisaje costero, para peor. Pero hoy al menos presumimos de tener la generación mejor formada de españoles que ha habido nunca.
Puede que haya en semejante afirmación algo de hipérbole a juzgar por el deterioro de la calidad que ha sufrido nuestra enseñanza en los últimos tiempos, pero sin duda hay mucho que agradecer a un Estado de bienestar que hizo posible al menos en teoría una igualdad de oportunidades sobre todo en el campo de la educación.
Resulta por ello dramático el ver cómo esa generación de la que tan orgullosos comenzábamos a sentirnos corre peligro de convertirse en una generación perdida. Un 50 por ciento de desempleo juvenil como el que reina entre nosotros es un estado de cosas realmente intolerable para la sociedad en su conjunto y un auténtico baldón para cualquier gobierno. Máxime cuando muchísimos de esos jóvenes han acabado sus estudios universitarios, estudios que han supuesto un importante esfuerzo personal y que hemos pagado entre todos con nuestros impuestos.
Hoy se habla otra vez de emigrar a Suiza o Alemania y a países de otros continentes, pero esa nueva emigración, lejos de representar una ganancia económica para el país, son en realidad una auténtica sangría. El fenómeno popularmente conocido como fuga de cerebros se daba fundamentalmente hasta ahora en países del antes llamado Tercer Mundo, que tras años de formación a costa del erario público iban a trabajar a los países ricos, donde podían ganar mucho más.
Pero es algo que nos afecta ahora de lleno sin que se tomen medidas urgentes, dada su prioridad absoluta, para corregirlo. Dejaremos pues que otros países se aprovechen de los conocimientos y las habilidades de jóvenes a quienes tanto nos ha costado formar aquí y muchos de los cuales se habrían quedado sin duda entre nosotros de habérseles proporcionado trabajo.
Jóvenes que viajan muchas veces a Inglaterra a trabajar en cualquier tienda o restaurante por sueldos muchas veces ínfimos para aprender o perfeccionar su inglés y que tal vez se queden en ese país o viajen a cualquier otro donde encuentren un empleo.
He hablado con algunos de esos jóvenes, todos ellos deseosos de aportar algo a la sociedad, devolviendo lo que ésa ha hecho por ellos, pero que me han expresado su enorme frustración al no encontrar lo que con tanto denuedo buscan y verse obligados a buscarlo a veces lejos. Frustrados también por la insensibilidad que demuestran muchas empresas de nuestro país que ni siquiera se dignan contestar a sus solicitudes de trabajo frente a lo que ocurre en cualquier otro país de nuestro entorno.
Si a todo ello le unimos los recortes que está aplicando nuestro Gobierno en materia educativa y de investigación y desarrollo, el panorama que se le presenta a esas nuevas generaciones es realmente desolador.


Fuente: http://www.farodevigo.es

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