domingo, 25 de noviembre de 2012

"Los inmigrantes andaluces tienen una profunda gratitud a Cataluña"


Olga Merino (Barcelona, 1965) acaba de publicar la novela Espuelas de papel (Alfaguara). La escritora cuenta en esta obra la historia de Juana, una joven andaluza que emigra con su familia a Barcelona en los años cincuenta. Merino es periodista. Trabaja para El Periódico de Catalunya,del que durante cinco años fue corresponsal en Moscú. Esta experiencia le sirvió de trampolín para publicar en 1999 su primera novela, Cenizas rojas, en la que explicó el tránsito del régimen soviético a la economía de mercado. Merino es nieta de emigrantes andaluces. Sus abuelos y padres llegaron entre 1956 y 1957 a Cataluña. Su madre es de Osuna (Sevilla) y su padre de Guadix (Granada).
"La derecha tiene que recorrer un largo camino hacia el autoanálisis"
"En Andalucía las diferencias sociales eran mayores que en otras regiones españolas"
Pregunta. ¿Cómo se le ocurrió escribir la novela?
Respuesta. Hay como una deuda familiar que me impuse. Al pertenecer a una familia de inmigrantes están en la memoria de padres y abuelos las historias del desarraigo. Entre 1951 y 1975 salieron 1,7 millones de andaluces con destino a Madrid, Cataluña, País Vasco, Europa...
P. ¿Aparte de las razones económicas había otros motivos para la emigración hacia Cataluña?
R. Los motivos son puramente económicos. Es cierto que hubo teorías en Cataluña que decían que esta emigración fue pergeñada por el régimen franquista para españolizar Cataluña. No creo que fuera así. El franquismo era demasiado zafio para una operación tan perversamente brillante. Las razones de la emigración fueron económicas, provocada por años de sequía y una explotación poco razonable del campo.
P. ¿Qué problemas llevaba aparejados la emigración?
R. En primer lugar, el desarraigo. En segundo, el tránsito de una sociedad rural a una sociedad urbano-industrial y deshumanizada porque en la vida del pueblo había una especie de solidaridad, de unidad en la desgracia. Otro problema fue el sobreesfuerzo de trabajar horas extras. Se contaban proezas como la de un hombre que se alimentó de tocino durante meses para poder traer a su mujer a Cataluña. O las de personas andaban hora y media desde el trabajo hasta el suburbio para ahorrarse el tranvía.
P. ¿Todos los inmigrantes salieron beneficiados? ¿Hubo casos de gente perjudicada?
R. Por lo que he conversado con inmigrantes el cambio fue a mejor: se arraigaron, se compraron su pisito y su cochecito. Pero la querencia de la tierra siempre está ahí. Es como un hachazo. Sin embargo, teniendo en cuenta la mejor o peor integración, veo que los inmigrantes andaluces tienen una profunda gratitud a Cataluña.
P. Juana, protagonista de la novela, trabaja como criada.
R. En Andalucía las diferencias sociales eran mayores que en ninguna otra región española. Muchos vivían con un puñado de aceitunas y un canto de pan. La única vía de trabajo para las mujeres era el servicio doméstico o las fábricas textiles.
P. Y en su novela el padre trabaja en la construcción.
R. Así es. Era a lo que se dedicaba la gran mayoría de los inmigrantes. Trabajaban durante jornadas matadoras. Se repetía, además, la misma imagen que en los pueblecitos de Andalucía, cuando los jornaleros se juntaban en la plaza al amanecer a la espera de que el capataz del cortijo eligiera a unos cuantos. En la plaza barcelonesa de Urquinaona los capataces de las obras decían: "Éste sí; éste no".
P. La revista Cambio 16 difundió a fines de los años setenta los términoscataluces y andalanes para definir a los nuevos grupos sociales que nacían de la inmigración. ¿Qué hay de cierto en esto?
R. A lo mejor para mi abuelo la integración fue más difícil. El fenómeno de la integración se mide a través del idioma. En los años cincuenta el catalán estaba prohibido. Mi abuelo no lo hablaba. Los hijos y los nietos, que es mi caso, sí que tuvieron una integración plena. En las últimas elecciones autonómicas y generales el aumento espectacular de Esquerra Republicana de Catalunya obedece en parte al voto de los jóvenes, muchos de los cuales son nietos de esta inmigración.
P. ¿La represión franquista en Andalucía fue un acicate para emigrar?
R. La represión en Andalucía fue atroz. Los franquistas no dejaron títere con cabeza. El historiador Paul Preston dice que el sufrimiento del pueblo español se puede calificar de holocausto. La posguerra estaba llena de familias rotas que intentaban mantener la dignidad en el silencio. No había dónde comer. Faltaba incluso un trozo de pan y de carne.
P. El presidente andaluz, Manuel Chaves, ha animado a su homólogo catalán, Pasqual Maragall, a establecer una alianza entre ambas comunidades para modernizar el Estado de las Autonomías. ¿Qué opina de esta alianza?
R. Es una idea totalmente válida. José Luis Rodríguez Zapatero ha llegado a La Moncloa gracias a Cataluña y Andalucía. Es bueno que dos puntales del progreso de este país se unan. La derecha tiene que recorrer un largo camino hacia el autoanálisis. Tiene que parecerse a la derecha francesa y no a una cosa cerril, negada al diálogo y con resabios franquistas.
FUENTES EL PAIS:ES

Los 'trenes de la esperanza' de los emigrantes andaluces a Cataluña hace 50 años


El viaje a la tierra prometida podía tardar más de un día y a lo largo del viaje se hacían amistades y se sufrían las consecuencias de un servicio incómodo 

09.05.10 - 02:23 -


Se estima que casi 850.000 andaluces vívían en Cataluña a principio de los años 80, es un dato clásico a la hora de hablar de la emigración. La mayoría emigraron durante la segunda mitad del siglo XX. El tren se convirtió en el vehículo que los trasladó hasta Cataluña. Muchas veces viajaron con el único equipaje de la ilusión por una vida mejor. Muchos vendieron lo poco que tenían para empezar una nueva vida. A otros los esperaban en el anden familiares que ya habían prosperado. Es el caso de José Cano, un joven natural de la localidad malagueña de Almargen.
Faltaban pocos minutos para que el reloj del andén de la estación de Bobadilla marcase las dos de la tarde, cuenta José, que tiene grabado en su memoria el momento de su partida. Un grupo de familiares y amigos se despedían de él. Eran momentos de impaciencia y de intranquilidad. La ilusión por iniciar una vida más próspera se confundía con el miedo a abrir una nueva etapa en su vida.
Los bultos -maletas, equipajes en cajas de cartón atadas con cuerdas...- se amontonaban junto a la escalerilla del vagón. Aquellas maletas de madera, o en su versión más económica de cartón, se convirtieron en el icono de la emigración durante la segunda mitad del siglo XX. «Pesaban como una condena», dice José. Aquellas maletas viajaban sobre las cabezas de los pasajeros en los andenes. Los más impacientes acercaban por las ventanillas el equipaje a sus familiares. En cada estación de sur a norte de la península se repetía la escena.
Como anticipo de aquella cita con la prosperidad, José llevaba en su bolsillo 2.000 pesetas que le había procurado su hermano. Aquella cantidad de dinero le permitiría dar sus primeros pasos en Barcelona antes de que encontrase un trabajo. En el bolsillo y junto a ellas José llevaba su pasaporte a la novísima tierra de Jauja, un billete de tren. 50 años después José no recuerda su precio, fue otra ayuda de su hermano y el importe del viaje no quedó grabado en su memoria.
El tren comenzó su marcha, era como un gran reptil recién alimentado que le costase ponerse en movimiento. Con pereza el ferrocarril comenzó a deslizarse sobre la tierra, su lento movimiento le permitía a José despedirse de los suyos.
Aquel tren recibía distintos nombres según el lugar al que apuntase la locomotora. Cuando salía de Andalucía y tras reunir los vagones procedentes de distintas procedencias se terminaba llamando 'El Sevillano', también fue 'El Malagueño' o 'El Granadino'. Cuando el tren miraba desde Cataluña a Andalucía en el viaje de regreso se conocía popularmente como 'El Catalán'. En realidad, nos aclaran desde Centro de Estudios Históricos del Ferrocarril Español no fue un único tren y el servicio sufrió numerosas modificaciones a lo largo de los años.
Aquel 24 de enero de 1958 José tenía 27 años, dejaba atrás toda su vida y una novia con la que llevaba 8 años de relaciones. Aquel tren andaba tan lento que si las promesa de una vida mejor no hubiese sido más fuerte que las dudas, José hubiese podido volver a saltar sobre el andén y olvidarse de aquel viaje a Barcelona.
La familia de José, que vivía en un cortijo, había preparado el viaje con antelación y preparó todo tipo de viandas. El equipaje era comida, las 2.000 pesetas del hermano y muy poca ropa, según recuerda. Los vagones olían a una mezcla de comida y a grasa del tren. Algunos pasajeros hacían el viaje sin asiento. Los más afortunados contaban con un banco corrido de madera que los más prevenidos ablandaban con un cojín o una almohada.
José no llegaría a Barcelona hasta las 9 de la noche del 25 de enero, un día y medio después. Habría tiempo de tejer sueños y temores a través de las conversaciones sobre las maravillas de su lugar de destino, de los éxitos de parientes más o menos cercanos que iniciaron la aventura años antes. Aquellos trenes fueron el nacimiento de muchas amistades, muchas de ellas tan efímeras como el propio viaje.
Terra ignota
Eran auténticos descubridores de un nuevo mundo. Barcelona era prácticamente una tierra desconocida, en la que muchas personas hablaban distinto y en la que la fama de tacaños perseguía a sus pobladores. Poco más se sabía de Barcelona y los catalanes. No obstante había un bálsamo para toda duda sobre el lugar al que se iba, dice José: «Barcelona es bona, si la bolsa sona». Era la conclusión final de toda conversación sobre lo mucho que se iba a ganar.
José viajaba tranquilo, pero no era el caso de algunos compañeros de vagón. José iba a ser recibido por un familiar en el andén de la Estación de Francia. A otros la proximidad a la estación se iba convirtiendo en angustia. Muchos de los ocupantes de aquellos trenes terminaban en manos de la Policía. Más de un día de viaje podía terminar en el Pabellón de las Misiones de Montjuic a la espera de que hubiese un contingente suficiente para llenar un tren de vuelta a casa.
Deportados
La razón de aquel retorno obligado fue la propia ley española. Una circular del Gobernador Civil de 1952 y una ordenanza municipal de 1956 obligaba a los recién llegados a demostrar una residencia y un trabajo. Aquellos que no podían justificarlo eran primero retenidos en el Pabellón de las Misiones de Montjuic y finalmente mandados de vuelta a su tierra. Entre 1950 y 1955 se estima que Barcelona deportó a más de 15.000 emigrantes en su propio país.
Las razones de esta norma que limitaba la movilidad podían ser variadas. El autor del libro 'El Ideal de Blas Infante en Cataluña', Paco García Duarte, apunta a un intento de impedir la sangría de mano de obra barata por parte de los terratenientes del sur de la península. Otras razones podían ser la de evitar el hacinamiento y los barrios de aluvión en las ciudades de destino.
El primer capítulo de esta obra recoge una circular del gobernador civil de Barcelona, Felipe Acedo Colunga, publicada el 6 de Octubre de 1952 en el Boletín Oficial de la Provincia de Barcelona y en la que se dan instrucciones para que «por los señores Alcaldes, Jefe superior de Policía de la provincia, Comandantes de puesto de la Guardia Civil y Comisarías locales existentes se impedirá en lo sucesivo la entrada y subsiguiente permanencia en sus respectivos términos municipales de aquellas personas que por no tener domicilio tuvieren que recurrir a la vivienda no autorizada -eufemismo utilizado para referirse a las barracas, apunta García Duarte- debiéndolos remitir a este Gobierno civil para su evacuación por el Servicio que se encuentra a este efecto establecido».
García Duarte recoge en un capítulo de su obra el testimonio de una bastetana, Quiteria Ruiz Martínez, que vivió esta experiencia en el año 1955. Su marido se encontraba en Callús (Barcelona) trabajando sin contrato. En la estación trató de recogerla un hermano de su marido, pero el parecido físico no fue suficiente, «aunque mi cuñado se parecía a mi marido, al pedirme el libro de familia se dieron cuenta que no era él y me llevaron a comisaría. Desde allí, cuando juntaron un grupo de gente, ya por la noche, nos llevaron a Montjuic», señala el testimonio recogido por García Duarte.
Quiteria y su marido fueron mandados de vuelta a su casa, sin embargo, perseveraron en el intento y, en este caso, a la segunda fue la vencida. Desde la estación de Chinchilla y una vez que les habían devuelto sus documentos, emprendieron nuevamente el regreso, cambiando la ruta y empleando 8 días en el trayecto.
Para evitar experiencias como la de Quiteria muchos se bajaban en estaciones cercanas a Barcelona y completaban el viaje a pie. Otros se tiraban del tren en marcha cuando se anunciaba su llegada a la estación. Según García Duarte, algunos maquinistas conocedores del tema aminoraban la marcha cuando se aproximaban a los puntos habituales.
Malas condiciones
La lejanía en el tiempo hace que se miren aquellos largos viajes con una sonrisa. Antonio Morante es natural de Guadahortuna y en 1964 emigró a Barcelona donde conoció a su mujer, Isabel. Juntos hicieron el camino de regreso al pueblo en más de una ocasión, en las esperadas vacaciones anuales, aunque pasaron seis años para el viaje de vuelta.
Manuel recuerda el precio de aquel billete que lo llevó hasta Barcelona por primera vez. «Eran 500 pesetas, lo que entonces eran casi 20 días de trabajo de un hombre en el campo», comenta. Tomó aquel tren en la estación de Alamedilla y recuerda haber visto como algunos pasajeros acercaban su equipaje en burros hasta la estación.
«Las condiciones eran horribles, el tren olía a comida, la piel se cubría de sudor negro y al baño no se podía entrar», dice Isabel. Se echan las manos a la cabeza cuando recuerdan aquellos viajes, «cuando la carbonilla se te metía en los ojos y echabas lágrimas negras», dice ella.
Manuel asegura que en alguna ocasión se encontraban pasajeros escondidos que no habían podido pagar el billete. «Eran los menos», dice, sin embargo, recuerda haber encontrado a un hombre escondido en el compartimento de las maletas. Los polizones pedían no ser delatados y se escondían entre el equipaje.
Isabel, nacida en Murcia y criada en Valencia, recuerda que la marcha del tren era tan lenta que a veces permitía a los viajeros saltar a coger naranjas y volver a subir al tren. Evidentemente era a la altura de la provincia de Valencia.
Mejores tiempos corrieron para Manuel Triviño. Diciembre de 1970 aprobó el ingreso en Telefónica. Tras tres meses de cursillo en Sevilla fue destinado a Cataluña y su primer viaje lo hizo en un tren desde la estación de Huéneja. «Aquello era como irse al extranjero», dice Manuel. Los viajes entre Andalucía y Cataluña no eran habituales. A veces se tardaba más de un año en volver. El vecino se convertía casi en mensajero. «Siempre venía bien ese paquete, era un mandao que se hacía con gusto por aquello del hoy por mi y mañana por ti».
Cuando la familia crecía también lo hacía el precio del billete de vuelta. «Había gente que venía de año en año y ya era mucho», dice Manolo. Había que pagar el billete de todos los miembros de la familia y aunque había descuentos para familias y para los menores, lo cierto es que los viajes de vacaciones se hacían un poco cuesta arriba para la economía familiar, asegura Triviño. El principal objetivo de muchos de aquellos emigrantes era el de ahorrar.
Pero aunque los tiempos de Manuel fueron mucho mejores para viajar en tren, en su memoria se guarda algún viaje casi mítico. Cuando nació su hijo en el año 1978 viajó hasta Sevilla con el recién nacido para que lo conociese el bisabuelo de la criatura. Aquel viaje casi improvisado lo hizo «con el cochecito del niño sobre la plataforma del tren y no me arrepiento, hice muy bien en ir porque dos meses después falleció mi abuelo».
Regresos
Los tiempos cambian que son una barbaridad. La mayoría de los usuarios de aquellos trenes soñaron con un coche que les permitiese volver a casa con más comodidad y, sobre todo, más frecuentemente. José Cano se compró un 600, no menos mítico que aquellos trenes y que en aquellos tiempos llegó a retar a un no menos mítico «Tiburón» en un viaje de regreso. Hoy prefiere el AVE para llegar a Madrid o Sevilla donde se encuentra parte de su familia.
Manuel Triviño, con destinos divididos entre Sevilla y Huéneja, también es usuario del AVE. «Si compras el billete con tiempo te puede salir muy ventajoso», dice. Aunque la principal virtud de este tren es el tiempo que invierte para para cubrir el trayecto entre Barcelona y Sevilla.
El avión es otra alternativa para los nuevos viajeros. Los precios de los vuelos pueden variar entre los 35 y 200 euros dependiendo de la antelación con la que se compren los billetes y del horario. Desde Granada parten al menos dos vuelos diarios de la compañías Vueling y, para asombro de aquellos viajeros, el viaje sólo dura una hora y cuerto.

FUENTES IDEAL:ES

Los emigrantes andaluces a Cataluña huyeron de la miseria y de la represión del franquismo


  Al menos 15.000 emigrantes que llegaron a Cataluña en los años 50 fueron devueltos a Andalucía por las autoridades franquistas catalanas
-          El fenómeno se hizo masivo durante la década de los 60 con la salida de cientos de miles de andaluces
-         Durante la II República se contuvo el flujo migratorio ante las expectativas de reparto de las tierras que se abrieron con la reforma agraria
-       Coloquio con dos emigrantes: Francisco Ruiz Acevedo, presidente de la asociación de memoria histórica del Bajo Llobregat y Manuel Peña, profesor de Historia en la Universidad de Córdoba
El programa “La Memoria” de Radio Andalucía, dirigido y presentado por Rafael Guerrero, centra su emisión del viernes, 11 de junio, en la emigración de los andaluces a Cataluña, uno de los procesos sociales más importantes en la historia reciente de España, que en buena medida estuvo determinado por la miseria, la falta de expectativas y la represión política de la dictadura franquista.
Ahora que Andalucía es una comunidad autónoma receptora de emigrantes, el programa“La Memoria” recuerda cuando los andaluces emigraban fuera: aquellos años 60 del siglo XX, cuando cientos de miles de andaluces pusieron rumbo vital hacia el extranjero, principalmente Alemania, o algo más cerca, hacia Cataluña. Allí fueron a parar más de un millón de andaluces, de tal modo que Cataluña se dio en llamar la novena provincia andaluza. Sirva como botón de muestra de esa realidad que el actual presidente de la Generalitat es andaluz de nacimiento, el cordobés de Iznájar José Montilla.
No obstante, la emigración andaluza a Cataluña se remonta a los inicios del siglo XX con miles de almerienses. Posteriormente, el flujo migratorio hacia Cataluña se paró durnate la II República con las expectativas sobre el reparto de tierras que se crearon con la reforma agraria, algo que lleva a pensar -según reflexiona el historiador y ex emigrante Manuel Peña- que si no hubiera triunfado el franquismo, no se habría creado la necesidad masiva de emigrar en Andalucía. Una emigración que, en sus primeros momentos de postguerra -en los años 50-, tropezó con el rechazo de las autoridades franquistas catalanas que devolvieron a Andalucía a unos 15.000 emigrantes.
El programa ofrece un coloquio con la participación de andaluces que emigraron a Cataluña y que se sienten también catalanes: Francisco Ruiz Acevedo, ya jubilado, que preside la Asociación para la Memoria Histórica y Democrática del Baix Llobregat, y Manuel Peña, profesor de Historia en la Universidad de Córdoba y directyor de la revista Andalucía en la Historia, que pasó su infancia y su juventud como emigrante en Cataluña.
El programa finalizará con el repaso a la actualidad semanal sobre la memoria histórica en el Noticiero.
Fotos.- Arriba, un grupo de emigrantes se despiden de sus familiares poco antes de tomar el tren en la estación de Jaén. Debajo, los invitados al coloquio: Francisco Ruiz Acevedo y Manuel Peña.
Emisión.- Viernes, 11 de junio, a las 21,30 horas en Radio Andalucía Información.
Descarga en internet.- Los últimos programas, a través de www.rtva.es por “radio a la carta” y el histórico de todos los programas emitidos, a través del blog del programa “La Memoria”:http://blogs.canalsur.es/lamemoria/
Suscripción por internet.- Se aconseja la suscripción por el sistema podcasting, siguiendo las instrucciones en www.rtva.es a través de “radio a la carta”.
FUENTES CANAL SUR ANDALUCIA

LAS CLAVES DE LA EMIGRACIÓN ANDALUZA A CATALUÑA EN “LA MEMORIA”


La miseria, la falta de expectativas y la represión política del franquismo obligaron cientos de miles de andaluces a emigrar en los años 60
Coloquio con dos emigrantes: Francisco Ruiz Acevedo, presidente de la asociación de memoria histórica del Bajo Llobregat y Manuel Peña, profesor de Historia en la Universidad de Córdoba
Radio Andalucía InformaciónRTVA/Isla de la Cartuja (Sevilla), 10 de junio de 2010.
El programa “La Memoria” de Radio Andalucía, dirigido y presentado por Rafael Guerrero, centra su emisión del viernes, 11 de junio, en la emigración de los andaluces a Cataluña, uno de los procesos sociales más importantes en la historia reciente de España, que en buena medida estuvo determinado por la miseria, la falta de expectativas y la represión política de la dictadura franquista.
Ahora que Andalucía es una comunidad autónoma receptora de emigrantes, el programa “La Memoria” recuerda cuando los andaluces emigraban fuera: aquellos años 60 del siglo XX, cuando cientos de miles de andaluces pusieron rumbo vital hacia el extranjero, principalmente Alemania, o algo más cerca, hacia Cataluña. Allí fueron a parar más de un millón de andaluces, de tal modo que Cataluña se dio en llamar la novena provincia andaluza. Sirva como botón de muestra de esa realidad que el actual presidente de la Generalitat es andaluz de nacimiento, el cordobés de Iznájar José Montilla.
El programa ofrece un coloquio con la participación de andaluces que emigraron a Cataluña y que se sienten también catalanes: Francisco Ruiz Acevedo, ya jubilado, que preside la Asociación para la Memoria Histórica y Democrática del Baix Llobregat, y Manuel Peña, profesor de Historia en la Universidad de Córdoba que pasó su infancia y su juventud como emigrante en Cataluña.
El programa finalizará con el repaso a la actualidad semanal sobre la memoria histórica en el Noticiero.
RTVA/10/06/10
Emisión.- Viernes, 11 de junio, a las 21,30 horas en Radio Andalucía Información.
Descarga en internet.- Los últimos programas, a través de www.rtva.es por “radio a la carta” y el histórico de todos los programas emitidos, a través del blog del programa “La Memoria”: http://blogs.canalsur.es/lamemoria/
Suscripción por internet.- Se aconseja la suscripción por el sistema podcasting, siguiendo las instrucciones en www.rtva.es a través de “radio a la carta”.
FUENTES  rtv de andalucia

PROSIMA ESTACION CATALUNYA


La historia de la inmigración andaluza en Cataluña, y de cómo ésta acogió y protegió a los trabajadores sin importar su procedencia. La creación de La Caixa, del Hospital Vall d'Hebrón, del hotel Casa Fuster, de Radio Tele-Taxi, a través de sus protagonistas.
Manuel Medina pertenece a la generación de los niños del hambre, nacidos en los difíciles años de la posguerra. Su infancia transcurrió en las duras tierras de Jaén, en la Cañada de la Fuensanta, donde la necesidad dirigía estas vidas que contaban con el amor de la familia como único patrimonio. En este ambiente, y cuando apuntaba la adolescencia en los años cincuenta, empezó a ver cómo gran parte de su familia emigraba a Cataluña en busca, ya no de una vida mejor, sino tan sólo de la posibilidad de comer todos los días. Hoy, sesenta años después de que sus tíos y primos comenzaron a coger el tren de la emigración, el autor realiza un viaje por Cataluña en busca de aquellos viajeros del hambre. Sus historias son muy distintas, mientras unos apenas consiguieron cubrir las necesidades vitales, otros alcanzaron un nivel de vida y éxito profesional que ni podían imaginar que existían. Nombres de sobra conocidos: Justo Molinero, José Manuel Lara, Enrique Morente, Paco Ibáñez,... acompañan a personalidades de allí como Francesc Moragas, Isidro Fainé, Antoni Durán i Lleida, Joan Manuel Serrat, Jordi Pujol, Artur Mas, etc. La familia Medina, y otras provenientes de Cataluña, viven hoy perfectamente integradas en la sociedad catalana, lo mismo que muchos otros emigrantes con los que el autor se ha ido encontrando en el final de este viaje que comenzó hace más de medio siglo y que tenía por Próxima estación, Cataluña.
Ver ficha del autor : Manuel Medina

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Periodista Digital entrevista a Manuel Medina -2 febrero 2012-.

PD entrevista al autor de 'Próxima estación, Cataluña' (Plaza&Janés)

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Manuel Medina: "Comer con cuchillo y tenedor a los andaluces nos parecía una cursilada"

"Al terrateniente andaluz ni le llegabas a conocer. El dueño de la fábrica catalana comía con nosotros"

Periodista Digital, 02 de febrero de 2012 a las 18:30
Lo que no le podemos quitar al catalán es su afán por trabajar.
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Entrevista de Periodista Digital a Manuel Medina.

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Entrevista de Periodista Digital a Manuel Medina.

  • Entrevista de Periodista Digital a Manuel Medina.
  • Entrevista de Periodista Digital a Manuel Medina.
"El dolor del hambre no se puede comparar con ningún otro padecimiento porque además del cuerpo duele el alma". Manuel Medina pertenece a la generación de los niños de la posguerra.
Su infancia transcurrió en las duras tierras de Jaén, en la Cañada de la Fuensanta, donde la necesidad dirigía estas vidas que contaban con el amor de la familia como único patrimonio.
Una época en la que las familias se reunían en torno a los hornos de leña, se turnaban las cucharadas y el menú de la semana eran raciones escasas de tres platos básicos ("migas, garbanzos y judías").
Nació en Villanueva del Arzobispo (Jaén) en el ecuador del siglo XX y desde siempre ha compaginado su profesión con la vocación literaria, compartiendo ambas cosas con ilusión.
El prestigioso abogado y escritor nos presenta en Periodista Digital 'Próxima estación, Cataluña' (Plaza&Janés), una entrañable historia de la inmigración andaluza en Cataluña.
Se tenía mucha escasez de muchos recursos pero una gran riqueza de cariño, todos los desarraigados se apoyaban para que la noche pasara pronto y el frío no fuera tan intenso.
Acerca de la guerra, el socio fundador del despacho Medina Cuadros Abogados recuerda sobre la Guerra Civil:
Mi padre, que era muy republicano y muy especial, en la batalla del Ebro se pasó a los nacionales para estar con mi tío. Se fue a Zaragoza para poder estar los hermanos juntos. Fíjate que ideología tenían ellos.
De lo que le sorprendió a él y a su familia en su llegada a Cataluña, dice:
Lo de comer con tenedor y cuchillo a los andaluces nos parecía una cursilada.
Considerábamos al acomodador como un Dios. Con su uniforme y su sueldo cada mes... En el campo había que esperar a ver si la cosecha había salido buena para poder ver algo de dinero.
'Próxima estación, Cataluña', cuyos derechos de la venta del libro irán destinados a la Fundación FERO, es una historia escrita con el corazón, como testimonio de gratitud de un andaluz al pueblo catalán.
Luego entre el terrateniente del campo andaluz y el dueño de la fábrica de Cataluña había muchas diferencias. Al primero ni le llegabas a conocer. El segundo, mientras, era el que primero llegaba al trabajo y el último que se iba. Hasta comía con nosotros en la fábrica y se interesaba por nuestras familias.
Lo que no le podemos quitar al catalán es su afán por trabajar. Tiene que echar sus 14 horas para sentirse bien, cómodo.

La revista Andalucía en la Historia traza en su último número el mapa de la emigración de andaluces a Cataluña


El nuevo número de la revista Andalucía en la Historia, editada por el Centro de Estudios Andaluces, fundación dependiente de la Consejería de Presidencia, traza y dibuja el mapa de la emigración de andaluces a la comunidad de Cataluña, especialmente, en la década de los 60 y 70 del siglo pasado.
Así, a comienzos de los años 70, en Cataluña vivían 840.000 personas nacidas en Andalucía, a los que si se añaden los hijos nacidos ya en la comunidad catalana, el total superaba ampliamente el millón cien mil personas, es decir, "cerca de la mitad del total de andaluces que salieron de su tierra en pos de un futuro mejor, más de dos millones de personas, se instalaron en Cataluña", señaló la fundación en una nota remitida a Europa Press.
En este sentido, indicó que la magnitud de este fenómeno en los años 60 y 70 fue tal que hubo quien dio en bautizar a Cataluña como "la novena provincia andaluza". Asimismo, indicó que tanto la importancia cuantitativa de esta migración, como sus características sociológicas y culturales específicas, han sido los motivos de este último número de la revista.
Pese a ser un fenómeno poblacional importante, señaló que "es poco lo que se conoce de este episodio tan reciente de nuestra historia, por lo que se este número plante cuándo y cuántos se marcharon, las razones, la llegada, la acogida de los ciudadanos catalanes o las causas de su no regreso".
Este estudio, coordinado por el profesor de la Universidad Autónoma de Barcelona Martí Marín, y en el que han colaborado otros cinco especialistas en la materia como el periodista Jaume Aroca, los investigadores de la Universidad Autónoma de Barcelona Anna Sánchez Sorribes y Vicente Moreno, el profesor de la Universidad de Córdoba y director de Andalucía en la Historia, Manuel Peña Díaz, y la directora del Museo de la Inmigración de Cataluña Imma Boj, desvela que "los almerienses fueron los primeros andaluces en emigrar rumbo a Cataluña".
Así, precisó que "la crisis de la minería y el retroceso en el sector de la uva de mesa llevó a que, ya en la temprana fecha de 1920, más de 40.000 almerienses se viesen obligado a emigrar, preferentemente con destino a Cataluña". De esta manera, aseguró que "fueron los pioneros, pero no los únicos".
En los años 40, cuando la comunidad estaba "sumida en la pesadilla de la posguerra, la pobreza y el hambre, pero también la represión política, motivaron una lenta pero constante llegada de emigrantes procedentes de toda Andalucía a Cataluña".
Al hilo de esto, apuntó que "ni siquiera la política sistemática de expulsión de emigrantes llevada a cabo por las autoridades franquistas en los años 50, cuando Barcelona deportó a más de 15.000 emigrantes, muchos de ellos andaluces, consiguió detener este flujo, pues la corriente migratoria se disparó hasta cotas nunca vividas a comienzos de los años 60".
Por otro lado, según indicó, el estudio analiza como primero era un miembro de la familia el que se subía 'al catalán' Cataluña, ese tren que lentamente les llevaba a "la tierra prometida, Cataluña". Más tarde, según añadió, hacían las maletas sus padres, hermanos y primos.
No obstante, y pese a que las condiciones laborales y vitales del lugar de destino estaban "lejos de ser óptimas", poco a poco, los "otros catalanes", tal y como los definió el escritor Francisco Candel, fueron escalando posiciones en la esfera socio-económica de Cataluña.ARQUEOLOGÍA,
Crisis económicas y posguerra
Asimismo, la revista incluye una serie de artículos de diversa temática que recorren distintos periodos de la historia de Andalucía, siendo el primero de ellos dedicado al "singular y reciente hallazgo de un conjunto de ídolos prehistóricos del siglo III a.C en el yacimiento onubense de La Orden-Seminario, siendo, por vez primera, los ídolos hallados en el contexto en el que fueron enterrados.
Entre las figuras encontradas por los arqueólogos onubenses aparecieron siete ídolos, decorados con ojos-soles, cejas y tatuajes faciales que ahora están siendo restaurados en el Museo de Huelva. Además, la revista también incluye un artículo sobre la hechicera montillana La Camacha, maestra en el arte de conjuros que fue procesada y desterrada por la Inquisición y cuyas hazañas mágicas pasaron a la historia al ser inmortalizadas por Cervantes en 'El coloquio de los perros'.
El estado "lamentable" en que se encontraba Córdoba en el tránsito del Antiguo Régimen a la modernidad aparece reflejado en un artículo que toma como fuente el informe que escribió el corregidor Quiroga que, tras abandonar la urbe tras un mandato de cinco años a finales del siglo XVIII, daba cuenta de los problemas que acechaban a la ciudad sobre todo a causa de la "codicia de los terratenientes" que la habitaban.
Por otro lado, este nuevo número compara las crisis económicas de 1929 y la de 2008, es decir, "dos momentos de recesión sin precedentes que guardan semejanzas y diferencias que quizá sean útiles para afrontar la actual coyuntura". La revista, editada por la fundación, también analiza los mecanismos utilizados por el régimen franquista en la posguerra para poner coto al "relajamiento moral" que a su modo de ver estaba dificultando que la mujeres cumpliesen su labor de "educadoras y madres de la patria".
Por último, ofrece un repaso a la figura del político onubense que fuera secretario oficial y amante de la reina Isabel II, Miguel Tenorio de Castilla o a los mapas de Andalucía que levantaron los Nazis y los Aliados durante la II Guerra Mundial, entre otros.
FUENTES  20 minutos.es