sábado, 14 de septiembre de 2013

Un país maravilloso para Manuel

tenía la misma edad que su nieto Eduardo, 22 años, cuando escribió al embajador de México en París pidiéndole que le permitiese huir a ese sitio que nunca había pisado. Era marzo de 1939 y alegaba como motivos, con caligrafía elegante, su situación de refugiado republicano en Francia y “la voluntad inquebrantable de no regresar en forma alguna a la España Nacionalista”.
Eduardo no da crédito cuando escucha a su abuelo leer su propia carta. “Era todo un hombre dispuesto a irse a otro continente”. Otro de sus nietos, Mauricio, escribió a este periódico para intentar hallar la misiva. EL PAÍS la encontró entre las más de 7.000 peticiones conservadas en el Archivo Histórico Diplomático de la Secretaría de Relaciones Exteriores mexicana, resumidas en una serie publicada a lo largo de la semana pasada. La súplica de Manuel era parecida a la de muchos republicanos, pero él es de los pocos remitentes que siguen vivos.
Eduardo no da crédito cuando escucha a su abuelo leer su propia carta. “Era todo un hombre dispuesto a irse a otro continente”
Este catalán de 96 años había pasado hasta entonces seis meses en el campo de refugiados de Argelès-sur-Mer (al sur de Francia). “Campo de concentración”, prefiere llamarlo él,como muchos de los exiliados. “Allí pasé las de Caín”, resume ahora en el salón de su casa de Ciudad de México, recién salido del hospital y arropado por su segunda mujer y algunos de sus nietos. Con guantes de cuero negro y bufanda, pero muy lúcido. "Estoy enfermo. Enfermo de 96 años, eso no se cura".
“Le pedí permiso [para el traslado a México] al capitán francés. Me dijo que no podía dármelo, que yo estaba ya considerado oficial del Ejército francés. Al poco recibí otra llamada, que podía viajar en el segundo barco, pero tampoco fui. Recibí de nuevo una carta de París diciendo que la última oportunidad de salir de Francia era con el Mexique el día 14 de julio […]”. Subió al barco después de todos los pasajeros y durante el trayecto saboreó los primeros tragos de libertad al disponer de algún dinero para tomarse un café o comer bien.
Miles de personas nos recibieron en el puerto de Veracruz con banderas y al grito de '¡Viva la República!"
Se acuerda con precisión de lugares, nombres y apellidos, y repasa su vida sin asomo de tristeza. Llegó a México en julio. "Miles de personas nos recibieron en el puerto de Veracruz con banderas y al grito de '¡Viva la República!". De Lleida a la guerra, de la guerra a Francia, y de Francia a un país inmenso. "México me encantó, me maravilló, porque salir de un campo de concentración y ver tantas luces, tiendas, comida, restaurantes...". Solo en Morelia (Michoacán) recuerda que los echaron a patadas de un rancho. “El cura del pueblo hizo un sermón el domingo diciendo que habían llegado unos rojos asesinos y peligrosos”.
Perito agrónomo, en Michoacán enseñó agronomía en México, como prometía al embajador en su carta. Acabó siendo agente de seguros (“Recibí un premio por haber vendido 134 pólizas en un año. Me parecía que el mundo era mío”) y empresario. Se casó con Rosa María García Cortina (“Ella me hacía de chófer, de secretaria… nos llevamos muy bien y fuimos muy dichosos”). Tiempo después de quedarse viudo, conoció a Dora, la mujer que hoy se encuentra a su lado y a la que mira y agarra de la mano con ternura cuando se refiere a ella. No pisó España hasta que murió el dictador. “Sin Franco sí pensé en volver ", recuerda. Su segunda esposa hasta se compró un piso en Barcelona cuando se quedó viuda de su primer marido. “Pero los hijos tiran mucho. Ellos ya son mexicanos. Tengo 3 hijos, siete nietos y 16 bisnietos”. No en balde, en el salón de la planta baja de su casa hay ya un árbol de Navidad preparado con paquetes de regalo para los más pequeños.
Manuel, todavía militante en la izquierda republicana catalana, repite las palabras “feliz” y “maravilloso” cuando habla de su experiencia. "Fui un optimista prudente toda la vida. Siempre tuve fe en Dios y las cosas salieron. Y salieron bien". ¿Está contento en México? “Sí, mucho. Y no podré corresponder ni pagar nunca lo que este país me ha dado”.

México recibe a los nuevos ‘gachupines’

Desde que comenzó la crisis en España, y cada vez con mayor frecuencia, no es extraño encontrar las terrazas de los bares de la capital de México repletas de españoles que piden cañas en vez de chelas o el montadito de Ibérico en lugar del taco con guacamole. En barrios como el de la Condesa del Distrito Federal ya no es llamativo escuchar a alguien hablando de “coger” el metro. “En los restaurantes y en la calle se escucha mucho acento español”, dice Alejandro Santos, un gallego que vivió en México entre 2009 y 2010 como becario de laCámara de Comercio de A Coruña y que este año ha vuelto para trabajar. “Cuando llegué, en 2009, nos conocíamos todos, ahora te pierdes”, asegura.
Su presencia se deja notar en las actividades más cotidianas. En Pilates Condesa, un centro deportivo situado en este mismo barrio burgués de la capital mexicana, su coordinadora, Elena Morales, afirma que en lo que va de año el incremento de alumnos españoles se ha duplicado. Lo mismo percibe Guadalupe Díaz (31 años), fundadora de GDS México, una empresa dedicada a facilitar la instalación a expatriados. “Para ampliar mi cartera de clientes antes tenía que salir a buscarlos. Asisto a eventos, voy a embajadas… Últimamente, con irme a una cafetería de Polanco me voy con tres o cuatro contactos”, comenta.
No hay cifra oficial del número de jóvenes españoles que han llegado a México desde el inicio de la crisis porque muchos entran como turistas. Pero el incremento en el número de entradas puede verse en los datos parciales. Según la Secretaría de Gobernación, 7.630 españoles han conseguido un permiso de trabajo (FM3) en México por primera vez en los últimos cuatro años. Y el Instituto Nacional de Estadística (INE) recoge que, de enero a octubre, habían salido de España 54.912 nacionales, un 21,6% más que en el mismo período del año anterior. El INE contabilizaba a 1 de enero un total de 17.956 jóvenes de 20 a 34 años viviendo en México, cuando hace cuatro años la cifra era de 11.258.
“Al ser una economía emergente y en crecimiento (aunque lento) y tener un mercado enorme, hay múltiples motivaciones para autoemplearte con creatividad y empeño. Eso ahora en España, por muchas ganas que tengas, es muy complicado”, apunta Cristina Cabrero, de 40 años, que trabaja en el equipo de prensa de la Consejería de Información de la Embajada de España en México.
La opinión generalizada es que este país da más oportunidades
Para Carlos Welti Chanes, del Instituto de Investigaciones Sociales de laUniversidad Nacional Autónoma de México (UNAM), esta constituye “sin duda” una tercera oleada de inmigrantes españoles, después de las sucedidas a finales del siglo XIX y tras la Guerra Civil, en 1939. “Se trata, eso sí, de una inmigración con características absolutamente distintas a las anteriores debido al cambio en las interacciones que se dan ahora entre los países como resultado de la globalización. En este sentido, una parte importante del nuevo flujo de inmigrantes es resultado de las conexiones españolas con las empresas mexicanas, a través de la importación de productos de consumo popular como puede ser el comercio textil”. Para Welti, la cualificación de los jóvenes españoles que van hacia América —“fundamentalmente a Panamá, México y Brasil”— es menor que la de aquellos que se dirigen hacia otros países de la UE. “Cuando llegan, la labor de los españoles se orienta hacia el sector servicios” —comercio y turismo en muchos casos—.

“Exótico es volver por Navidad”

ANTONIO SABATER Director creativo
Antonio Sabater, 34 años, trabaja desde marzo de 2011 como director creativo de Enova México, una empresa social para el acceso a las tecnologías en comunidades de bajos ingresos. Estudió diseño y aquitectura y ya había vivido fuera de España (Dubai y Bahrain). Tuvo una oferta de trabajo en México. “Llevaba casi dos años en Oriente medio y decidí cambiar de aires. España no era el lugar debido a la crisis y ya estaba en la dinámica de trabajar fuera de Europa”. Se ha adaptado totalmente a partir del segundo mes. “Ayuda el idioma, la amabilidad de la gente, la belleza del país, la historia compartida...”.
Ha notado la llegada de paisanos. “Contactas con grupos de españoles y siempre aparece alguien en búsqueda de trabajo. Entre todos, intentamos echarles una mano”. Su recomendación: “Primero que intenten venir con trabajo, porque es duro el proceso de búsqueda en un país extranjero. Que tengan paciencia con los procesos burocráticos. A veces las cosas no funcionan. Por lo demás, que disfruten de un país maravilloso: se come realmente bien, los viajes pueden llegar a ser mágicos y las oportunidades están a la vuelta de la esquina”. Él, por lo pronto, no vuelve a España. "De momento no tengo intención de volver excepto para ver a la familia, cosa que me gustaría poder hacer con mayor regularidad. Para mí, lo exótico es volver a casa en Navidades”.
¿Qué lleva a los españoles a México? En el contexto de crisis actual, con la recesión azotando a las economías desarrolladas y el ascenso de los países emergentes, el Fondo Monetario Internacional prevé que México se convierta, antes de 2017, en la primera economía de habla hispana. El hecho de ser, junto con Brasil, una de las potencias pujantes de América Latina, así como la proximidad lingüística o una tasa de paro de apenas el 5% —aunque el empleo informal ronda el 30%—, hacen de este un destino atractivo para los jóvenes que buscan trabajo. Según los datos del Eurostat, en octubre de este año la tasa dedesempleo juvenil en España se situó en el 55,9%, la segunda más alta de toda la eurozona, por detrás deGrecia, con un 57%.
“Después de acabar un posgrado en la universidad tuve la oportunidad de hacer prácticas en un periódico mexicano durante tres meses. En España llevaba meses buscando algún trabajo remunerado y era imposible que la combinación de prácticas, periodismo y salario fueran compatibles más allá de los 300 euros, así que hice la maleta”, cuenta Almudena Barragán, periodista madrileña de 24 años instalada en el DF desde hace ocho meses.
La opinión generalizada es que México da más oportunidades. Lo dice Sandra Durán, interiorista madrileña de 40 años, que no trabajaba de lo suyo en su país de origen pero que ahora ha montado una empresa con un socio local. “Definitivamente sí, en México hay trabajo”, dice. Lo corrobora Lorenzo Baladrón, coordinador de Gestión Financiera del programa Escuelas de Calidad en la Secretaría de Educación Pública de México, de 36 años. “Tanteando el mercado no solo encuentras más oportunidades laborales sino de mayor responsabilidad, peso y proyección. En México se valora mucho la formación de calidad así como el hecho de tener experiencia internacional, idiomas, etcétera”, señala. Toni Marí, periodista valenciano de 36 años, llegó en septiembre al quedarse sin trabajo en España y en diciembre empezó en su nuevo puesto. “En casi tres meses he tenido más entrevistas en México que en dos años en España”. Alejandro Santos, que se marchó en 2010, se suma: “Las empresas tienen más margen de crecimiento, lo que se refleja en rápidas promociones y más responsabilidades para el empleado. Además, si llegas con una empresa española, como es mi caso, eres la persona de confianza”, dice.
En casi tres meses he tenido más entrevistas que en dos años en España
Toni Martí,  periodista valenciano
Sin embargo, no todo es color de rosa. Barragán tardó tres meses en encontrar un nuevo trabajo. “La imagen que a veces se da de América Latina es que en cuanto pones un pie en ella te llueven las ofertas de trabajo y no es así. Hay que moverse y buscar... el sueño latinoamericano es complicado de lograr. La ventaja que sigue existiendo, por lo menos en México, es que todavía se crean puestos de trabajo”, señala.
Para los extranjeros hay un antes y un después desde el mes de noviembre. “El día 10 entraron en funcionamiento los cambios en la ley de migración que hacen necesarios más trámites para obtener el permiso de trabajo en México”, explica el abogado Omar Fesh. “Antes de esa fecha lo habitual era que el extranjero ingresase como turista y una vez en territorio nacional constituyese una sociedad o fuese contratado por una empresa, con lo que, sin salir de México, podía solicitar al Instituto Nacional de Migración el permiso. Ahora, el que entra como turista y desea realizar una tarea lucrativa debe, después de constituir la sociedad, inscribirla en Migración, salir del país y solicitar desde el consulado la internación. Una vez obtenido el visado regresa a México y ya dentro del país cambia su fórmula migratoria obteniendo el permiso de trabajo”. Estas modificaciones han provocado un retraso en el proceso de dos meses.

“Tardé un mes en lograr trabajo”

ANA PASCUAL. Gestora de proyectos
Ana Pascual, de 29 años, estudió Comunicación Audiovisual y llegó a México hace cuatro años, a finales de 2008. “Al terminar la carrera y empezar a trabajar, quise tener la experiencia de vivir en otros países. Ya había vivido en el extranjero, en Italia, gracias a la beca Erasmus, pero quería hacerlo también trabajando. Fue entonces cuando oí hablar de las becas que da el Instituto Español de Comercio Exterior (ICEX) para la Internacionalización de la empresa. Aproveché esa oportunidad y mi destino fue México. Una vez aquí las oportunidades se han ido enlazando”. “He buscado trabajo dos veces y la vez que más tardé fue un mes. De todas formas, requiere tiempo encontrar uno bueno ya que el mercado de trabajo se mueve sobre todo por contactos”, precisa.
Guadalupe Díaz, de GDS México, ha percibido también el endurecimiento de las condiciones para muchos expatriados, que siempre habían sido trabajadores privilegiados. “Antes venían con un mínimo de 30 días de vacaciones, coche, piso pagado, dos vuelos a España…”, recuerda. Conoce alguna empresa que le ha dado un ultimátum a decenas de empleados: “O a México o a la calle”. También percibe que la valoración del trabajador español ha caído. “Antes éramos especialistas, daba igual en lo que trabajases. Ahora tengo la sensación de que de aquí a no mucho tiempo, habrá más mileuristas”.
El consejero comercial de la Embajada de España en México, Francisco J. Garzón Morales, explica que la práctica totalidad de las personas que reciben en su departamento son graduadas superiores. La oficina se encarga de orientar a las empresas a la hora de dar sus primeros pasos en México. “En general, los que vienen suelen tener una experiencia previa en España. Son personas de perfil técnico, como ingenieros, arquitectos o economistas”. El tipo de compañía varía y los motivos para instalarse en México también son diferentes. “Lo normal es que su llegada al país constituya un paso más dentro del proceso de crecimiento natural, pero sí es cierto que cada vez se ven más empresas que no vienen a internacionalizarse, sino que no les queda más remedio, porque en España no hay trabajo. Todavía son las menos, pero cada vez hay más”. Garzón Morales considera que en México hay un nicho de mercado para determinadas empresas españolas, como las relacionadas con el ámbito de las TIC (tecnologías de la información y la comunicación) o el mundo de la construcción.
“Cada vez hay más gente, conocidos o no (por ejemplo a través de Linkedin) que me preguntan por trabajo en México”, asegura Lorenzo. Entre los que van y los que vienen, han sido muy comentadas las palabras de la secretaria general de Inmigración y Emigración, Marina del Corral, que aseguró que los jóvenes emigran por “impulso aventurero”. “Con más del 50% de paro juvenil en España el crecimiento personal, profesional y laboral está a 10.000 kilómetros de casa. La mayoría de mis amigos ha emigrado como yo, y muchos de los que siguen en España han terminado su licenciatura y tienen que falsear su currículo para poder trabajar de dependientes o camareros después de no haber encontrado nada de lo suyo. Somos una generación de nuevos emigrantes. Emigrantes 2.0 con Skype, tarjeta de crédito y móvil 3G, pero emigrantes a fin de cuentas”, opina Barragán. “A la señora Del Corral le diría que más de un trabajador cualificado (joven o no) preferiría mil veces más vivir la aventura en su tierra, con su gente. Si no, que se lo pregunten a nuestras familias”, dice Claudia Munaiz, periodista de 36 años que lleva dos en la capital mexicana. “Una aventura se corre por decisión propia no por imposición”, agrega. Rafa Ávalos, responsable de Desarrollo Internacional en Wellness Telecom, lanza un consejo a quien quiera ir a México: “Quien busque sonrisas, encontrará sonrisas. Quien busque color, encontrará color. Quien no busque eso, mejor que se quede en el sofá viendo la tele”.

“En España el clima era pesimista”

RAÚL DEL RÍO Arquitecto
Raúl del Río, madrileño de 28 años llegó a México con una experiencia laboral de alrededor de dos años en arquitectura, “dominando el inglés y con un nivel medio alto de alemán”. Había estado de Erasmus en Viena (Austria) y aquí buscó un futuro profesional mejor. “Me encontraba trabajando en una empresa en Madrid en la que había gente realizando prácticas por periodos superiores a tres años. La verdad es que el clima era de absoluto pesimismo con lo que un día decidí mandar el curriculo a estudios de arquitectura que me interesaban especialmente, sin importarme el lugar donde estuviesen. A la semana tenía una oferta para venirme a México DF. Creo que nunca me arrepentiré de haber tomado esa decisión”, asegura. “He crecido profesionalmente mucho más de lo que lo podría haber hecho en España en la situación actual”, reconoce. Ha notado que cada vez más empresas están llegado a México y, con ellas, mucha gente de alrededor de 30 años.
El sistema laboral mexicano, matiza, “es bastante diferente al españo”. “Se trabajan más horas, no hay vacaciones durante el primer año, y ocho días a partir del segundo, hay mucho trabajo no regulado, (es decir sin contrato o falsos autónomos). Digamos que los derechos del trabajador son escasos, mientras que los de los empresarios son infinitos”. Aún así, su futuro “a medio plazo” está en México, “un país maravilloso, pero con fuertes contrastes”, resume.

Un paraíso con poco aforo

Entre las primeras frases que aprendió en alemán, el electricista Javier Lázaro recuerda el “aquí no entran más españoles” que le espetaron en la discoteca donde quería celebrar la primera nómina que cobró en Múnich. “¡Precisamente en Pachá, que es una discoteca española!”, ríe señalando un edificio muy próximo a la obra donde trabaja con otros inmigrantes españoles. En la céntrica franquicia bávara de Pachá niegan ahora esa discriminación, pero sus colegas no parecen sorprendidos cuando Lázaro evoca entre carcajadas cómo tuvo que optar por “un bar alemán” para celebrar que, por fin, dejaba el nada selectivo club de los seis millones de parados españoles. En los 16 meses pasados desde entonces, el manchego Lázaro se ha casado con la también emigrante Leila Martínez, ha tenido en Múnich su primer hijo y sigue aprendiendo alemán. Trabaja con Miguel Ángel López, otro electricista de formación que tampoco había cumplido los 30 cuando decidió “venir solo con el coche, después de siete meses sin encontrar nada” en Vic. Se trajo después a la esposa, a sus dos hijos y al perro.
El buen humor predomina en el pequeño grupo que conforman junto al canario Werner Santiago, de 34 años, y el cordobés Pedro Lara, de 38. Estos electricistas son parte de la cara amable de la gran ola migratoria forzada por la crisis española. Son cuatro de las 50.582 personas que entre 2011 y 2012 se registraron en el padrón alemán como llegados desde España. Hacía 40 años que no aterrizaban tantos emigrantes españoles en Alemania. Como entonces, los españoles llegan buscando empleo a un país donde se dice a bombo y platillo que escasea la mano de obra. Pero pese a los tremendos problemas en casa y a las oportunidades que depara Alemania, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) ha revelado que dos tercios de los españoles que llegaron a Alemania en 2011 se marcharon antes de un año. El paraíso laboral alemán les cundió lo que una excursión.
Por su potencia económica y tecnológica, muchos emigrantes prefieren Baviera. Múnich, dicen los electricistas, no es tan caro como lo pintan, y a fin de cuentas los recién llegados ya ganan tanto como en los años de la burbuja inmobiliaria española. La edad y la formación profesional los convirtió en candidatos idóneos para suplir la falta de mano de obra cualificada en Baviera. La Cámara de Artes y Oficios regional lanzó un programa de captación de españoles al que se acogieron cuando ya estaban en Alemania. El capataz de la obra en la que trabajan, el alemán de madre española Manfred Sirges, supervisa su adaptación a la empresa. Los cuatro la dan por muy satisfactoria mientras Sirges sonríe de medio lado: “¿Quieres que te hable yo de los problemas o nos quedamos con lo bonito?”.
“Los españoles”, cuenta Sirges, “necesitamos como mínimo medio año largo para adaptarnos al sistema alemán: hay problemas de precisión, de seguridad, de normas”. “Pulir esas aristas es un proceso complicado, un desafío. Aquí son muy rígidos”, dice el capataz y todos asienten, graves. “Aunque algo resuelva un problema, los alemanes no lo aceptan si no se ajusta a la norma”, termina. Cuando Sirges describe cómo la “obsesión por las reglas de los cabezas cuadradas” centroeuropeos les complica el trabajo en la obra, es inevitable recordar al Bundesbank oponiéndose a la compra ilimitada de deuda por parte del Banco Central Europeo. Aunque la medida alivió problemas muy graves, incluso sin ponerse en marcha, en el Bundesbank decían que “bordeaba la ilegalidad”. La experiencia de Sirges, emigrante de ida y vuelta nacido en Alemania hace 48 años, que trabajó en España casi dos décadas, resume así sin pretenderlo las tensiones políticas entre Berlín y sus socios. Del tornillo a la macroeconomía, los alemanes reverencian las reglas.
El programa que captó a los cuatro electricistas fue idea de Heinrich Traublinger, jefe de la Cámara de Artes y Oficios de Alta Baviera. El exdiputado de la Unión Social Cristiana (CSU) es un espécimen perfecto del mediano empresario bávaro. Su panadería emplea a 160 personas, entre ellas un español traído con su programa, “que se desenvuelve muy bien”. Decía en mayo Traublinger, mientras su considerable Mercedes se deslizaba junto al aeropuerto de Múnich, que la región necesita “miles de trabajadores jóvenes y bien cualificados”. El primer ministro regional y jefe de Traublinger en la CSU, Horst Seehofer, dijo en agosto que “la juventud de Europa debería venir a Baviera”. La Cámara cuenta con “cientos de perfiles” idóneos para trabajar ya en alguna de sus 77.000 empresas, así como con “miles solicitudes pendientes”. Hablaba desde el lugar del copiloto tras ceder cortésmente la parte del asiento trasero disponible entre papeles de trabajo, su chaqueta a medida meciéndose de una percha y varias novelitas de quiosco con las aventuras interestelares de Perry Rhodan. Su experiencia como diputado conservador cuaja en frases redondas: “El peligroso drama del 56% de paro juvenil en España puede aliviarse por nuestra necesidad de mano de obra cualificada”.

Ida y vuelta en Berlín

Los españoles en Alemania. / EBERHARD THONFELD
(De izquierda a derecha) 1. Miguel Ángel Liceras (Madrid, 29 años). Este abogado llevaba cuatro años en Alemania. El último año dejó una empresa para pasar a otra en prácticas. Esta semana volvió a España.
2. Ignacio U. (Cáceres, 25 años). Llegó en abril tras licenciarse en Periodismo. Va a clase de alemán tres horas al día y buscará un trabajo relacionado con la comunicación a partir de septiembre.
3 (sentada). Esther C. (Almería, 29 años). Llegó a Alemania hace un año tras renunciar a su empleo como trabajadora social porque le pagaban irregularmente. Está contratada en un jardín de infancia donde “cobra más por 38 horas semanales que por 40 en una residencia de ancianos en España”.
4. Sara Grana (Oviedo, 26 años). Llegó en enero de 2011, después de terminar sus estudios de Relaciones Públicas. Trabaja en una empresa de intercambio de ‘au pairs’.
5 (sentada). Irene Tamayo (Madrid, 27 años). Esta bióloga trabajaba como técnico de iluminación para teatros y festivales. Los recortes la dejaron sin encargos. En agosto de 2012 se fue a Alemania. Tiene un ‘minijob’ de 450 euros como ‘comunity manager’ en una empresa de ‘software’.
6. Andrés Pérez (Córdoba, 34 años). En España trabajaba como comercial en un banco. Llegó a Berlín en mayo. Estuvo estudiando alemán, pero ha decidido volver a España.
7. Marina Román (Lanzarote, 24 años).Licenciada en Comunicación Audiovisual. A principios de año aceptó una oferta de trabajo en Berlín, que dejó para ponerse "a tope con el alemán" mientras trabaja en un bar. Pero ha encontrado empleo en España y vuelve en octubre. En Berlín veía pocas oportunidades para contrato bueno
Sin embargo, según el Instituto Nacional de Estadística (INE), el grupo de desplazados españoles que más ha aumentado desde que estalló la crisis, por encima del de los jóvenes, es el de las personas de entre 45 y 54 años. La franja más alejada de los programas de promoción del empleo juvenil y también de la noción del inmigrante joven, con idiomas y buscador de horizontes nuevos. Pertenece a aquella Octavio Ndong, que desde que cumplió los 52 años protagoniza una crónica muy representativa de los seis años largos que van de desastre económico español.
Llegó a Barcelona en los ochenta desde Guinea Ecuatorial, donde nació cuando aún era colonia española. Estudió ingeniería técnica industrial, trabajó en varias compañías, y abandonó la última, Seat, para hacerse autónomo “con una empresa de mensajería y transportes”. Corría 2002 y la burbuja inmobiliaria, ya desaforada, hinchaba también los servicios. Aquellos, recuerda tomando un zumo de naranja frío ante la mole de la Estación Central berlinesa, “fueron los mejores años”. Añade: “Los años de Aznar”. En un buen mes ingresaba 3.000 euros netos.
Nacionalizado español y abuelo desde hace 11 años, Ndong quiso un día redondear su felicidad ibérica comprándose un piso, como sus flamantes compatriotas. La CAM le dio una hipoteca de “20 millones de pesetas”, unos 120.000 euros. Pero “en 2007, muchos clientes empezaron a echar la persiana y, aunque hubo suerte al principio, en 2008 y 2009 las cosas empeoraron. Ya no sonaba el teléfono: quedaban cuatro gatos”. Se dio de baja de autónomo en 2011. Pidió el paro porque le “habían dicho que algo darían a los que cotizaban. Pero los autónomos dejaron de cobrar prestaciones en 2010 y me quedé sin nada”. Así hasta ahora. Con una nieta a su cargo y una hipoteca de 700 euros al mes, miró a Alemania, y empezó la segunda catástrofe.
“Fui demasiado inocente porque Berlín presentó un montón de dificultades: primero, el idioma; después, el alojamiento”. “Los últimos meses en España lo pasamos fatal y aquí ha sido lo mismo”. Octavio Ndong no ha tenido vivienda fija desde que llegó a Berlín hace 13 meses. Limpió hoteles, pero la cadena Ibis lo puso en la calle cuando le tuvieron que operar de la rodilla. Le gusta Españoles por el mundo, pero no cree que lo saquen a él porque, según explica sin el menor aspaviento, no tiene “ni dinero ni casa”. Ahora lleva algunas semanas trabajando otra vez de limpiador en hoteles.
En sus peores días lo atendió Regina Thiele, de un centro de Cáritas para gente sin hogar. La asistente habla perfecto español, así que a ella le llegan los que no dominan otra lengua. Conoce el desarrollo de la inmigración hispanohablante más desesperada: “Hasta hace poco llegaban latinoamericanos desde regiones en crisis y algún español suelto ya en situación extrema”, expresidiarios, adictos o enfermos. En su sencilla oficina del último piso del centro de Levetzowstrasse, el mayor establecimiento berlinés de atención a gente sin techo, la veterana explicaba con evidente alarma cómo, en 2010, notó el aumento drástico del número de indigentes españoles. En 2011 se puso a contarlos: solo a su centro “vinieron 59 y en 2012, 65”. Un 10% más en un solo año. En 2013, la tendencia sigue al alza.
Thiele está acostumbrada a tratar con gente muy necesitada. Pero desde hace tres o cuatro años también ha empezado a atender a “arquitectos o licenciados, como una ingeniera medioambiental que vino hace unos meses”. Todos españoles. ¿Algún aprovechado buscando que le solucionen la vida? “Los que vienen aquí no buscan gangas, son desamparados que no tienen nada. Llegan con una mano delante y otra detrás, sin saber ni palabra de alemán, perdidos. Algunos encontraron trabajo por Internet, pero dieron con estafas, con que no les pagan o con que les dan una miseria que no llega”. Los mayores lo tienen más difícil. Y muchos lo son. “Lo peor es cuando vienen con la familia, pero sin contactos, sin idioma y sin nada, solo por la pura desesperación acumulada durante años”.
Caritas no tiene albergues permanentes en Berlín, pero ofrece ayuda sin condiciones. Tras un primer diálogo de orientación, Thiele trata de que los sin techo “hagan pie”. Les da direcciones de hogares públicos y de cocinas de beneficencia. Después, de oficinas de empleo. Si lo necesitan, los manda a clínicas gratuitas para personas sin seguro, como la que regenta en pleno centro de Berlín la doctora peruana Jenny de la Torre. También ella nota el aumento de ciudadanos españoles, “sobre todo jóvenes, en situaciones personales que hace años no se daban de ninguna manera”. Ante las historias de Thiele sobre “familias enteras durmiendo en los parques”, aquel “impulso aventurero” que la secretaria de Estado española Marina del Corral identificó como motor de la emigración adquiere un sesgo siniestro.
También los medios alemanes prefieren dar estampas positivas de la inmigración. Los liberales, como Die Zeit, quieren identificarla con una nueva popularidad de Alemania en el mundo. Dedican largos reportajes, comentarios lúdicos o análisis sesudos a ponderar el “atractivo” de su país entre los jóvenes. Alemania aparece como “tierra prometida” (sin ironía en Die Zeit, 2011). El infortunio de los abocados a emigrar queda en segundo plano. También se obvia delicadamente la posibilidad de que la política de austeridad a rajatabla propugnada por el centroderecha de Angela Merkel tenga algo que ver con la nueva pobreza. Una reciente encuesta de la Fundación Bertelsmann revela que el 55% de los alemanes considera necesario atraer mano de obra cualificada extranjera. En este sentido, el conservador Frankfurter Allgemeine Zeitung contaba la historia de Víctor Marí Cervera, un bioquímico valenciano que escapó del paro trabajando de au pair en una familia hispano-alemana de Fráncfort. Un ejecutivo lo leyó y le ofreció un buen contrato. El diario de la City de Fráncfort lo celebró a finales de mayo con un edificante reportaje de superación y triunfo.

Empleado de hotel

Octavio Ndong / PATRICIA SEVILLA
Octavio Ndong (Guinea Ecuatorial, 58 años).Ciudadano español, estudió ingeniería técnica en Barcelona. Decidió marcharse en 2012 tras quedarse sin dinero para pagar su hipoteca. Ha conseguido trabajo en un hotel tras pasar meses "fatales", sin ingresos ni techo, en Berlín.
Isabel Grasa Vilallonga lo comenta con aire preocupado: “Lo de Víctor fue una excepción, una suerte, lo de Nacho es la realidad dura”. Mira al sucesor de Marí, frente a ella en el jardín de su casa en Fráncfort. Nacho es Juan Ignacio Salinero, tiene 25 años y relevó a Víctor al cuidado de los dos hijos de Isabel y su esposo Christoph en un barrio residencial en la capital financiera de Europa. En 2011 se licenció en ingeniería medioambiental y se puso a mandar solicitudes de trabajo, “cientos, quizá miles”. Logró alguna entrevista. “Pero irse a Madrid o a Barcelona por 12.000 euros anuales es pagar por trabajar”.
En 2012 dio el salto a Alemania y se puso a buscar empleo mientras estudiaba alemán y cuidaba niños. Isabel Grasa cuenta que Salinero se esfuerza en conocer a fondo el nuevo país. Ironiza sobre los nuevos españoles en el mundo: licenciados de hasta 35 años que la “bombardean con solicitudes” cuando saca un anuncio buscando au pair. Salinero habla con una mezcla de esperanza y azoramiento, como temiéndose ser el único que no conquista el edén alemán en un reportaje de historias de éxito. Un par de semanas después de hablar con este periódico se fue para trabajar de camarero. Ahora está de enhorabuena: el 1 de octubre, dos años después de licenciarse en España, entrará de ingeniero en una empresa de Dortmund llamada Bronkhorst-Mättig, que fabrica sofisticados sistemas de medición y dosificación. Está “muy contento” con el sueldo que le ofrecen incluso en el periodo de prueba. Cree que los 15 meses invertidos en perfeccionar su alemán han sido “esenciales, porque el inglés no vale”. Una oferta así “es casi imposible” en España. Al final, otra historia de tesón y éxito.

Electricistas en Múnich

Manfred Sirges y Werner Santiago. / PATRICIA SEVILLA
Manfred Sirges (48 años). Hijo de alemán y española, regresó hace dos años a Múnich tras pasar dos décadas en España (a la izquierda, en la foto). Werner Santiago (Canarias, 34 años).Llegó a la capital bávara hace un año. Ambos trabajan de electricistas en una empresa de construcción.
En el Instituto de Investigación Laboral IAB, el profesor Herbert Brücker concede no obstante que “muchos españoles no encuentran nada, es común dar con camareros licenciados”. Dos tercios de los nuevos inmigrantes del sur de Europa tienen título superior y están mejor formados que la media alemana. El idioma es su gran obstáculo, pero hay otros problemas, como el clima o [1.200 EUROS]as costumbres. Así y todo, Brücker cree que esta inmigración seguirá aumentando durante otros dos años. En esta transferencia de capital humano, “Alemania es la gran beneficiada, sobre todo si los inmigrantes se quedan”, confiesa. “La contribución a las pensiones compensará con creces los posibles gastos en los subsidios sociales o de desempleo”. Los países emisores se benefician de ver reducido el paro y con él, el gasto social. Alemania necesita inmigrantes para no sucumbir en su crisis demográfica. Pero las autoridades dificultan las ayudas sociales a los inmigrantes europeos, mientras muchos caen en la precariedad. El abogado Íñigo Valdenebro montó una asesoría gratuita para recién llegados en Berlín-Friedrichshain, vinculada a la página de Internet berlinwiebitte.wordpress.com y al Movimiento 15-M. Explica en su espartano despacho que muchos españoles “desconocen su derecho a cobrar el paro, que aquí es para todo el mundo”. Los que no tienen dinero podrían aprender alemán y buscar empleo con cierta tranquilidad mientras cobran las ayudas, pero en 2012 el centroderecha de Merkel impuso trabas que dificultan el acceso de los no alemanes al subsidio básico conocido como Hartz IV. Mientras, la Agencia Federal de Empleo postula a Alemania como destino laboral de ensueño, con cientos de miles de trabajos vacantes y bien retribuidos.
Pero no todos terminan de creerse los números oficiales, que hablan de carencias de “más de 200.000 trabajadores cualificados”. Thomas Liebig comenta desde la sede parisiense de la OCDE que “la falta de personal se limita a algunos sectores, como ciertas ingenierías y otros especializados en informática”. Destaca que “muy pocos de los que aseguran necesitar mano de obra cualificada están dispuestos a contratar extranjeros. Solo lo haría un 20% de los empresarios”. Aunque, eso sí, todos prefieren que aumente la oferta para mejorar la selección.

Cuidando niños

Juan Ignacio Salinero. / KIRILL GOLOVCHENKO
Juan Ignacio Salinero (manchego, de 25 años). Emigró a Fráncfort hace un año tras buscar trabajo sin resultados en toda España. Trabajaba de ‘au pair’ mientras aprendía alemán. Acaba de encontrar empleo como ingeniero.
La estadística nubla la luz alemana al final del túnel del desempleo en el sur. De los siete jóvenes berlineses que participaron en la foto para este reportaje, tres ha decidido volverse ya. Andrés Pérez, tras de estudiar alemán en Berlín sin encontrar trabajo durante tres meses. Marina Román regresará en octubre para instalarse en España, aunque su nuevo empleo en Comunicación “lo podría hacer también desde Berlín”. Miguel Ángel Liceras vuelve a Madrid después de casi cinco años, disconforme con su contrato de prácticas y confiando en encontrar allí nuevas oportunidades: “Los españoles más inteligentes y capacitados que he conocido ya están volviendo porque en Alemania les cuesta encontrar un empleo acorde con su formación”. Pese a todo, él recomienda la experiencia. Otros quieren quedarse más tiempo. Como Sara Grana, aunque “cuanto más tiempo llevas aquí, más ganas tienes de irte”, confiesa. No es que perciban rechazo por su procedencia. Como explica el profesor Brücker, los inmigrantes españoles son bien aceptados, en contraste con los turcos o los africanos. La bióloga Irene Tamayo habla más bien de cierto trato “paternalista, desagradable en ocasiones”. El barcelonés Ndong, el manchego Lázaro y el cordobés Lara, el primero en Berlín y los otros dos al unísono en Múnich, coinciden tajantes en que preferirían estar en España.

De turistas a inmigrantes

El avión desciende como un pájaro sobrevolando el Caribe mexicano y el verdor de la selva yucateca. Del interior salen grupos de españoles con gafas de sol y ropa de playa dispuestos disfrutar de los lujosos hoteles, la arena blanca y las ruinas mayas. Hasta hace unos años este era el perfil más común en los vuelos Madrid-Cancún. Pero últimamente, junto con los turistas, caminan otro tipo de españoles. Unos son treintañeros que quieren abrir un negocio en la costa. Otros buscarán trabajo en la capital “de lo que sea”. Al menos una veintena lucen ropas gastadas, pies descalzos y rastas en el pelo. “Esto es lo que me quedaba por ver”, comenta Laura, actriz y fotógrafa española residente en México desde hace cinco años, “hasta los perroflautas se han apuntado a la aventura mexicana”.
¡Es el mismo exilio, pero sin armas! Una expulsión forzosa provocada por la panda de mafiosos que gobiernan España”.
Óscar Jaenada
Casi todo el grupo “de rastas” parece conocerse: “Vivimos en Chiapas, allí trabajamos en comunidades indígenas y escuelas holísticas”, comenta Sara, madrileña de 29 años. “San Cristóbal de Las Casas se está llenando dehippies, nos conocemos y sabemos cuándo salen los vuelos más baratos”, añade Jaime, gaditano de 32. Turistas y trabajadores se miran extrañados. “Que gente más rara viene últimamente”, comentan. Solo la amplia gama de improperios peninsulares parecen reconciliarles entre sí.
A México siempre han llegado españoles ávidos de naturaleza, aventura, folclore o tequila. Pero la crisis está trayendo otros perfiles. Se trata en su mayoría de jóvenes muy formados que tratan de dedicarse a lo suyo. Muchos artistas, pintores y actores encuentran la oportunidad que España no les dio. Trabajadores de multinacionales se instalan en el país ante el dilema de “ir a México o a la calle”. Los espíritus “alternativos” encuentran su lugar en el ritmo tranquilo de la provincia. Y con su dramática desigualdad, el país también ofrece una salida a los jóvenes interesados en la ayuda humanitaria. Pero no es oro todo lo que reluce: ahora hay más competencia y el endurecimiento de la ley migratoria desespera a quienes tratan de asentarse legalmente. Los que llevan años aquí advierten: “México es lindo y acogedor, pero poco recomendable para ansiosos y asustadizos”.

México en corto

  • Tasa de desempleo: 5,1%.
  • Porcentaje de empleo informal: 60%.
  • Crecimiento del PIB en 2013: 1,5%.
  • Españoles censados: 100.782 (junio 2013).
  • Para estancias inferiores a 180 días no es necesario tener un visado.
  • El 10 de noviembre de 2012 cambió la ley de migración mexicana. Los trámites para obtener el permiso de trabajo mexicano se dificultaron. Hoy, cualquier persona que quiera constituir una sociedad tiene que inscribirla en migración, salir del país y solicitar el permiso desde el consulado de su país de origen.
  • Aunque México calcula su desempleo en un 5,1%, el trabajo informal ronda el 60% del total, más o menos el mismo porcentaje que abarca las clases bajas del país. 
Desde que empezó la crisis, la afluencia de españoles aumenta. Según el Instituto Nacional de Estadística, son la tercera nacionalidad extranjera en el país (un 4,8% del total), tras la estadounidense y la guatemalteca. Aunque no hay cifras oficiales (muchos entran como turistas), la Secretaría de Gobernación estima que casi 8.000 españoles han conseguido permiso de trabajo en los últimos cinco años. El 1 de enero de 2012 había 17.956 jóvenes de entre 20 y 34 años, casi 7.000 más que en 2008. Hay censados más de 100.000 españoles. Algunos expertos han definido este flujo migratorio como “una tercera oleada”, tras los avalanchas del siglo XIX y la Guerra Civil española. ¿Las razones? Cercanía cultural, crecimiento económico lento pero constante, mercado laboral inmenso y múltiples posibilidades de autoempleo.
Los papeles son ahora una cuestión crucial. Guillermo Almeida (Menorca, 1987) llegó en 2010 con una beca para acabar su carrera de Historia en la UNAM. Pasó seis meses en DF, atrapado por su “ritmo vertiginoso y su descontrol adictivo”. Volvió a Madrid, pero la falta de oportunidades le hizo regresar en enero con otra beca. Ahora busca trabajo de profesor. Pero no es fácil. “Les da hueva hacerme los papeles”, explica. Al español no le gusta verse como un conquistador español, prefiere denominarse exiliado económico. Para él lo mejor de México es ese "caos anárquico" que emana de la ciudad. "Pero también es lo más negativo, porque genera una desigualdad y una pobreza ante la que no podemos cerrar los ojos". También la comida puede ser el cielo o el infierno: "Me encanta comer mexicano, pero una vez casi me muero de gastritis con unos tamales de la calle. Debe ser la venganza de Moctezuma. Eso me pasa por conquistador español", comenta entre risas.
“No recomendaría a nadie que viniera a buscarse la vida, a no ser que tenga un permiso de trabajo”, comenta Ana Luisa Rodríguez, administradora de la Casa de Madrid en México. “Muchos acaban regresando, porque esto no es tan fácil como se pensaban”, añade. No es el caso de Itahisa Machado, una actriz canaria que “sobrevivía deprimida” en Madrid, sin un trabajo estable. El primer mes en el DF rodó cinco anuncios y después actuó en series como El octavo mandamiento o Infames. Hoy es la protagonista de Rosario, una superproducción emitida en decenas de países: “En dos años he conseguido mucho más que en siete en Madrid. México tiene una energía distinta, mucho más amable y cálida. Quizás es que yo tengo un rollo latino que encaja mejor aquí”, cuenta con acento venezolano en su elegante departamento de La Condesa (una de las zonas más caras y con más presencia de artistas del DF).

martes, 9 de julio de 2013

Miles de españoles en paro apuestan por Panamá como opción laboral

Lejos de España, el catalán Raúl Mons (36 años) jamás olvida las brisas del Mediterráneo que golpean a Barcelona y a los pueblos cercanos. Todavía recuerda los rincones de El Maresme -las playas de Mataró, las callejuelas de Premiá de Mar, las terrazas de Badalona o el varadero de El Masnou- y, por supuesto, añora a parientes y amigos españoles. El pasado enero, tras presenciar la quiebra de su empresa de instalaciones eléctricas, Mons decidió instalarse en Panamá con su esposa Anabel y su hija Noa, también catalanas. Ha decidido a dejar atrás un pésimo recuerdo de debacle financiera, angustia y desesperanza.
“Panamá es la apuesta definitiva de vida. No creo que vuelva a residir en España porque aquí hemos sido muy bien acogidos. La gente nos ha arropado mucho y estamos muy a gusto. Regresar a vivir en España… nunca”, explica. Tras emigrar a Panamá Mons logró involucrarse en el reciclaje de desechos sólidos, un negocio en crecimiento regional. “Añoro amigos y familia, pero cada vez son menos las cosas que echo de menos. No veo ni la televisión de España, porque todo es malo y porque estando aquí en Panamá nos queremos desintoxicar de la crisis moral española”, cuenta.
El español nacionalizado panameño Toni Núñez tiene un restaurante en la capital panameña, donde vive con su hijo Antonio, también español. / JOSÉ MELÉNDEZ
Otro español, el valenciano Toni Núñez, de 50 años, se nacionalizó panameño y logró regentar un restaurante de la capital, el Hábbito, transformado en punto de encuentro de madrileños, catalanes, vascos, andaluces, gallegos y muchos otros nacidos en España: “Yo tampoco voy a regresar: soy panameño y me veo en Panamá por muchos años. Aquí voy a quemar los últimos cartuchos”. Al igual que Mons y Núñez, miles de españoles han emigrado desde 2007 y 2008 a Panamá, convertido en un imán laboral para víctimas del desempleo en España. Uno de ellos es el madrileño Enrique Ramos, de 48 años, doctorado en Ciencias de la Información por la Universidad Complutense de Madrid que ahora se dedica a consultorías en negocios de la construcción, comunicaciones y sector alimentario panameño. “Yo me quedo en Panamá, para mí no es punto de paso. Vine a echar raíces, por la fortaleza del dólar y la seguridad jurídica”, asevera.
La ampliación del Canal de Panamá -que empezó en septiembre de 2007 y finalizará en abril de 2015-, el acelerado crecimiento de la economía panameña, el boom inmobiliario, el despliegue de proyectos viales urbanos, la explosión turística y el desarrollo del sistema financiero han hecho de este país un punto de destino dedesempleados españoles que buscan vincularse al pujante negocio de la construcción y a otros sectores económicos.
El número de españoles que obtuvo residencia temporal migratoria en suelo panameño aumentó de un promedio anual de 109 de 2001 a 2006, a 350 de 2007 a 2011. La cifra subió a 648 en 2012 y del 1 de enero al 30 de abril de este año llegó a 235, según un recuento de la Oficina de Asuntos Públicos de la Dirección General de Migración y Extranjería de Panamá.
Los datos oficiales muestran que el número de españoles a los que se entregó condición migratoria de residentes de 2001 a 2011 es de 2.408 temporales y 18.882 permanente, para un total de 21.808. Un total de 10.200 españoles están inscritos en el Consulado de España en Panamá. Los números confirman que solo una parte se apuntaron en el Consulado y que tampoco todos regularizaron su situación migratoria.
Panamá es la apuesta definitiva de vida. No creo que vuelva a residir en España porque aquí hemos sido muy bien acogidos"
Mons
Un dato clave que muestra otra parte del fenómeno es que el aeropuerto internacional de Tocumen, el principal de este país, registró en 2012 la entrada de 34.000 personas residentes en España, sin ser necesariamente españoles y que visitaron territorio panameño por diferentes motivos, según datos del Consulado compartidos con este diario.
Los movimiento migratorios de españoles hacia Panamá en 2007 y 2008 coinciden con el estallido y recrudecimiento de la crisis en España y su golpe en el empleo. En 2007, la cifra anual de españoles que emigraron a Panamá llegó a 1.966, pero al año siguiente superó la barrera de los 2.000 y siguió en ascenso constante hasta llegar a 2.636 en 2011.
“Vine aquí en 2011 para dar un giro a mi vida relativamente positivo”, explica el madrileño Ehrior Sanabria, de 27 años, comunicador audiovisual y artista que con frecuencia publica artículos sobre asuntos culturales en medios locales de prensa. “España se me había convertido en una rutina bastante monotemática y Panamá me parecía muy atractivo: quería venir a experimentar”, subraya.
El español Ehrior Sanabria es un artista y comunicador audiovisual que encontró una opción de crecimiento profesional en Panamá. / JOSÉ MELÉNDEZ
A pesar de que “no me veo” en suelo panameño en el futuro, admite que uno de los factores que atrae a los españoles es que “todas las grandes empresas tienen aquí una vía de dinamización. Es una apuesta personal por Panamá”. Según registros gubernamentales, 47 de las 90 grandes multinacionales que operan en la economía panameña son españolas, aprovechando un crecimiento anual sostenido de la producción del 10% y un desempleo de apenas el 4,5%. 
Al igual que Núñez, Mons y Sanabria, un puñado de pilotos españoles también apostó por Panamá y trabaja en el mercado aeronáutico panameño. Aunque De Luis añora “el clima, la familia y la calidad de vida que había en España”, reconoce que en su tierra “el paro es tremendo y golpea a mucha gente de 40 años en adelante. Y por mi edad, en España no hay ninguna oportunidad, aquí sí. Por eso vienen andaluces, catalanes, valencianos, vascos, gallegos, de todo. Tengo un año de estar instalado en Panamá. Tenía en España una empresa informática sin campo para desarrollarla y la mejor opción fue Panamá. He sido muy bien recibido, con gran acogida: la gente es muy llana”, insiste De Luis.
Pese a los augurios optimistas y a que “aquí hay mucha infraestructura por hacer”, Núñez advierte: “Cuando la infraestructura esté acabada, no nos vamos a poder quedar todos los españoles”.

Las tres etapas de la migración española

El valenciano Toni Núñez, de 50 años, ahora se dedica a la gastronomía, pero en España trabajaba en una constructora y un cliente le pidió en 2003 gestionar negocios en Panamá. “Vine, me gustó y me fui quedando”, relata. Su hija Rocío, de 27 años, y su hijo Antonio, de 23, son españoles, viven, estudian y trabajan en esta capital y se encuentran “muy establecidos”, cuenta.
Núñez identifica su experiencia personal con tres etapas en la migración española hacia Panamá. La primera surgió en 2007 y 2008, cuando ejecutivos españoles de empresas de España, de entre 40 y 60 años, empezaron a llegar a este país a buscar oportunidades propicias de inversión y negocios, “porque en su país ya sentían los efectos iniciales de la crisis y olían que la situación se agravaba”. 2007 es significativo, porque fue cuando comenzó la ampliación del Canal que generó un efecto multiplicador en la economía panameña.
Una segunda fase fue protagonizada por españoles ligados esencialmente a la construcción -arquitectos, ingenieros y mano de obra especializada- que llegaron a Panamá con ventajas definidas de salario, vivienda, automóvil y otros beneficios.
Y la tercera oleada fue de muchos desempleados que, por ejemplo, vendieron su coche, reunieron un dinero, compraron un boleto y viajaron a este país, lo que Núñez compara con los españoles que desembarcaron en 1492 con Cristóbal Colón en las carabelas La Pinta, La Niña y la Santa María: “Venían sin nada: sin salario, sin apartamento y sin coche. A los 90 días algunos se regresaron porque no encontraron trabajo, aunque muchos, que son la mayoría, se quedaron y han ido trayendo a otros”, relata.
Mons, cuya esposa trabaja en el restaurante de Núñez, confirma que “miles se quedan como turistas: “Cada día conozco a algún español que acaba de llegar a quedarse a vivir en Panamá y que pide consejo sobre alquiler, compra de coche, abrir cuentas bancarias o trámites migratorios”.